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Piura,
setiembre del 2002

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Sueños de libertad

 

A bordo de los aviones de Elvis, la libertad del cielo abierto pende de un hilo. Sin combustión ni radares, el viento es el mejor aliado de aventuras. A primera vista son los únicos voladores que no dependen del combustible ni necesitan comer peces de río, para subir a desafiar el horizonte. A segunda vista son las únicas unidades de combate seguras contra la desesperanza. Despegar del pesimismo y echar a volar la esperanza, cuesta un sol. Garantía de fábrica: son silenciosos, no se caen, nunca matan.


Por. Lucas Jiménez

Mirarlos volar sin prisas, no exige estar en guerra. Menos el imprudente ruido de entrenamientos militares. Son más pacíficos que todas las aves del río. Su tripulación, cientos de granitos de teknopor, no conoce el miedo. Desde su "hangar" en el ex Puente Viejo, desatan disimulada pero sincera admiración de hijos prisioneros de prisas inútiles. Cautivan la atención con la gracia de sus alas blancas. Sus ventanas negras desde unos cuarenta metros de altura invitan a imaginar escenarios de una felicidad sin tiempo. Da igual si se tiene o no corazón de niño. Con sus lunares de estrellas, las aeronaves manejadas por la voluntad de un hilo apenas visible, navegan sobre el viento y un mar de ilusiones dormidas. Esa proeza de su silueta resplandeciente rutilando en el manto celeste de la mañana, inspira libertad. Aliviana el peso de una mañana difícil.

avioncitosAllá abajo la defensa del puente colgante exhibe la tranquilidad y sencillez que irradia Elvis Ramírez Salvador, empeñoso artista, inventor y novelista en potencia de catorce años. En ciudades grandes, un adolescente, en el filo del puente, como él, es para los viandantes, suicida seguro, derrochando maldición y frustraciones. Elvis entre los fierros del puente Miguel Grau, es el antónimo de la depresión.

Con su flota aérea desarmada, guardada en una caja de galletas, se procura pasajes ida y vuelta al Colegio Nacional San Miguel. Para más de un mirón, el oficio de este vendedor de ilusiones, podría llamarse travesura de mocoso malcriado, vaya a estudiar. Elvis, sin saberlo, remedia, mejor que fármaco, ánimos caídos de apurados caminantes sin rumbo fijo. Vender sencillez de inquietos e imaginarios modelos de "boeings", supersónicos y "jets", es arte y no importa que para muchos este sean un simple dibujar, cortar y armar teknopor. A ver que ellos lo hagan, los desafía este imperturbable sanmiguelino de Tercer Año A.

-Ahorita se caen tus aviones, llama a los bomberos- ruge un mirón, con ademanes de frustrado palomilla, después de aprovechar gratis el espectáculo de las acrobacias.

Ni las pifias esporádicas, ni el tropel de plantillas peleando con las tablas del puente, interrumpen la concentración de este prematuro "empresario" de escuadras aéreas.

elvis2El ingenioso escolar de zapatillas negras, al que muchos creen un ejemplo más de la escasez de oportunidades, es un radar humano. Mientras baja un volador de estrellas negras, revientan bombas lacrimógenas en el extremo del puente, pero acomoda su hígado y nervios para diluir el humo gris con silenciosos mensajes blancos sobre un nuevo avión liviano. Mientras, los uniformados dibujan figuras imaginarias, con sus varas y bombas, él sueña con escribir la dureza pedagógica de su niñez, de su lucha por cambiar aviones por esperanzas, de su estoica resistencia en busca de historias sobre un puente quejoso.

Todo empezó cuando hace mucho -el tiempo y sus precisiones no ayuda-, hace algunas horas, semanas, meses o años, su padre don Enrique, lo llevó por las calles de Paita, enseñándole a ser libre haciendo y echando a volar aviones sin motor ni gasolina.

Cuando se le pregunta por qué se fue su padre y no está con él, tampoco con su madre en su casa de la calle Managua de San Pedro; en tono filosófico Elvis, les dirán que eso no importa. Cosa más grande de la vida, chico. Nadie cómo él defiende y admira al padre que en algún lugar del mundo debe estar enviándole sabios consejos sobre aviones blancos o a bordo de barquitos de papel.

-Atención, atención, dame permiso para aterrizar de emergencia. Prepara el puente- deliran dos maestros gastándose bromas con el flaco vendedor, sin importarles lo chistosos que se ven moviendo las manos como niños ansioso de juguete nuevo.

Cuando el fantasma de las carencias, lo obligaron a cambiar de colegio, Elvis, creyó que no era preciso acompañar a su madre a sudar la gota gorda vendiendo golosinas o alimentos en el mercado. Se pudo un horario nocturno, para hacer alas, panzas y colas de aviones turísticos y de carga. En su almacén móvil, las alas ocupan su lugar arrumadas en serie, igual las colas y cuerpos. Todo está listo para "ensamblar" y autorizar el decolaje de sus tercos aviones amigos del viento. Una hora de 10 a 11 a.m., tiene de plazo para soñar con armar historias y recaudar tres o cuatro soles. Antes del medio día desaparecen las naves ribereñas y su autor.

elvis3Ha pasado un nuevo día para pensar en cambiar pensamientos equivocados, ánimos apesadumbrados, por obras. Por optimismo que no duerme ni siquiera llegando legos. Que nadie se admire si él no admira a los héroes peruanos tanto como la mayoría. "Los admiraría sí hubieran ganado las guerras", porque él asegura que nunca pierde. Porque sólo pensando así, los grandes personajes llegaron a ser grandes. Y a él –así lo predica- le gustaría tener la sabiduría de José Arcadio Buendía, importándole un pepino que lo ignoren, durante los Cien Años de Soledad.

-Dale más cuerda - pide un niño. Pero Elvis se hace tarde para el cole. Mañana regresan los aviones. Si quieren mire las garzas. La gente se queda con la sensación de cómico ambulante despedido.

-Ya no tienen combustible los avioncitos hijo- concluye el padre del enano ilusionado.

 

 

 

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